Una vez más, ideas y discusiones de importancia nacional, son puestas sobre la mesa por mano ajena, las que recoge la iglesia trastabillando y a la carrera, para no quedarse totalmente muda, y tener algo que decir, aunque sea poco, desabrido, e inconsistente.
Resulta por lo menos ingrato, que vayamos a la cola de las ideas del Catolicismo Romano, que sin temor pone de relieve las discusiones, que le parecen pertinentes, a nivel nacional. Mientras la voz de la iglesia se dispersa en las gargantas cientos de caudillos, que se diluyen en el marasmo de los orgullos, individualismos y en los problemas del día a día. Esto, sin desmerecer los problemas cotidianos, sino, que es lo de siempre, cabeza gacha, mirándonos el ombligo.
Nos pena la falta de dialogo entre nuestros líderes (La estructura organizacional, para ello), la falta de lideres capacitados en ámbitos diversos, la falta de voluntad, la precariedad del entusiasmo, para levantar la voz de protesta, dirección, y ayuda al andar de nuestro país. Y por qué no añadir a esta lista, la carencia de pensamiento cristiano, que edifique el alma nacional.
Nuestro mutismo le hace mal al país. Callamos, como si nos avergonzáramos de tener un tesoro, ocultándolo entre cuatro paredes, mientras afuera, el resto de los ciudadanos se debate entre ideas, que deambulan entre valores relativos y feroces políticas de intereses.
Indulto bicentenario, Matrimonio homosexual, Minuta del Sernam (citando un estudio de Enfoque a la Familia), aumento de la brecha de la desigualdad, pobre nivel educacional, para la mayoría, etc. Entre otros tantos temas de urgente importancia. ¿Tendremos algo que decir?
Nuestra representatividad institucional y política, ha descansado y descansa en ciertos conglomerados, y personas que han intentado realizar una labor representativa, en la medida de sus talentos y capacidades, incluso recuerdo el caso de un pastor involucrado en lides presidenciales, pero, que para la empresa, que como iglesia se nos demanda, ya es un desafío de marca mayor. Donde los pronunciamientos, a nombre de la iglesia, dejan un importante margen de duda en cuanto a su representatividad, y calidad de su elaboración.
No podemos obviar la realidad, las políticas y leyes que hoy se promulgan afectaran a nuestra sociedad y a nosotros mismos. Acaso, si se aprueba una ley de matrimonio homosexual ¿como se enseñará en los colegios, que es una familia? ¿ Como algo así afectará nuestra sociedad en el futuro próximo? Preguntas simples, a problemáticas que se pueden acercar muy rápido.
Creo nuestra voz es sumamente importante para Chile. Ya hemos visto, que la política de intereses y de poder, es capaz de subyugar y relativizar, cualquier tipo de valor moral y ético, con tal de obtener su fin.
Ojala podamos dar pasos hacia una realidad, en donde nuestra presencia sea de edificación, de consulta, y de paradigma social. Con instancias claras, para la discusión, difusión y fomento, de ideas y acciones concretas, a favor del bien nacional, y de la unidad en la fe.