Mira Carlitos: Teniendo algunas ideas medias revueltas, y “sin ser sabio competente”. Teniendo claro además, que me faltan algunas toneladas de páginas por consultar, y amigos preclaros que escuchar. Me propongo humildemente cuestionar, criticar, y proponer ideas y alternativas, de forma sincera y honesta, al actual modelo de vida cristiana, no a nivel de comportamiento personal, sino considerando el estado de pueblo, y específicamente tomando como modelo nuestra propia realidad chilena. Cuestión que es notoria y urgentemente necesaria, dada la distorsión y consecuencias crueles, que hasta ahora ha provocado la importación de modelos teológicos, que interpretan realidades ajenas, impracticables para esta realidad nuestra.
Tomando como base el modelo esbozado por el capitulo dos y cuatro del libro de los hechos, y la vida comunitaria del pueblo de Israel, podemos aventurar que una comparación con el modelo de vida comunitaria actual, merece una seria revisión. Y como todo intento; sin más pretensiones que de ser un intento humilde y crítico, de poner en tela de juicio y confrontar nuestra realidad actual, como cristianos e iglesia; que está basado en La Palabra, no debe dejar de comparar, principalmente, sus esfuerzos y alcances, con la vida, obra y trascendencia de nuestro Señor Jesucristo.
No diré nada novedoso. Estamos inmersos en un mundo individualista y solitario, y damos cuenta de este, nuestro tiempo. Donde solo importa y se exalta el individuo, y su propia capacidad de decisión y de atropello, su talento personal, su éxito individual, solo él, solo. Su carisma y piedad, al servicio del egoísmo y del orgullo. Todo sin considerar, sino mínimamente calmar los costos reducidos a gestos morales, y a migajas de papel moneda, como pálidos montajes de caricias humanas. Costos asumidos por hijos, esposas, madres, familias, amigos y terceros afectados, sin mayores miramientos.
Es el resultado y la consecuencia de la sociedad llamada post-moderna, donde el modelo económico capitalista y el cientificismo religioso, han dictado las normas de conducta, los intereses, los acentos; lo que se debe y no, enseñar; lo que debemos y no, aprender; Como se debe hacer familia, y sociedad. Reorganizando y priorizando los valores y principios, elevando las teorías a calidad de verdades, y volcando las verdades a calidad de mitos. Hoy formamos inhumanos, creamos antipersonas, seres condenados a la tristeza y la soledad, consagrados a la ideología, y a una orgullosa ceguera espiritual.
El éxito o el exitoso, el arquetipo de felicidad, de desarrollo, de admiración, se ha traducido o se ha asimilado, a un cierto status socio-económico, a un nivel de acumulación de bienes materiales, y a un arribismo desenfrenado, pero esto, a la par de una ignorancia atrozmente galopante, y a una injustísima desigualdad social-económica-educacional, que se asoma irreductible por este rumbo. Donde las oportunidades de crecimiento y desarrollo – al estilo actual- son tan grandemente desiguales, como las depresiones, enfermedades, y frustraciones de tantas y tantos, abandonados a orillas del camino. En este cuadro, las ideologías imperantes, el estilo de vida y las influencias del modelo social imperante, han permeado la base de la iglesia, sin mayores cuestionamientos, y lo hemos aceptado como parte del evangelio, sin escrutinio bíblico.
Intentaré esbozar, con algún escueto y simplificado comentario, algunas ideas que nacen desde la problemática introducida.
Al confrontarnos con Cristo, y rendirnos a él, se nos dice que somos salvos por medio de él, que somos salvos personalmente y en marcado énfasis repetitivo. Se nos enseña de un Dios personal, como la única, o casi única, forma posible de relación entre Dios y sus hijos. En parte esto es cierto, y ese es problema, que esto es solo en parte. Porque él viene por su amado pueblo. Él se relaciona con su iglesia, le dirige sus enseñanzas, se interesa en su camino, vela por su dirección y cuidado, se manifiesta donde están congregados en amor y armonía, y goza con sus alabanzas y sus cantos.
Sin embargo, su Pueblo no es ajeno, a la determinación e influencias de su espacio y de su tiempo. Este adquiere distintos matices dentro de su contexto. Si nos enmarcamos en nuestro tiempo, identificamos el trasvasije de influencias del modelo neoliberal, y del pensamiento modernista, gradualmente, con distintas intensidades, dependiendo del estrato social, posición económica, entre otras variables socio-culturales, del barrio donde se encuentre ubicada esta comunidad.
Ante esta realidad envolvente, somnífera y arrogante, una y otra vez, la Palabra hace sentir su voz, haciendo tropezar, soslayar, y obligando a explicar de las más diversas maneras, las incongruencias producidas por las asonancias de prácticas de vida comunitaria, e interpretaciones teológicas separadas de la realidad, que no responden a dolores, tristezas, interrogantes, entre otras situaciones del camino de la vida, sino con elucubraciones teológicas lejanas, frías, y conformistas.
De innumerables ejemplos, podríamos hablar, acerca de hermanos desempleados, ignorantes, enfermos física y mentalmente, solitarios, abandonados, indignamente pobres, en pruebas y tribulaciones, desprovistos de oportunidades, ejemplos que nos pesan, acusan, y abundan. Y nos lo hemos explicado, o mejor dicho, acomodamos nuestras respuestas a una dificil elucubración forzosamente bíblica. Dejando abandonado el pensamiento, la búsqueda teológica, y al hermano, a una suerte de fe lastimera y condescendiente, por la que sufren los individuos, pagando su pecado, caminando por el desierto, cruzando el valle de sombras y muerte. Dejamos en manos de Dios, nuestras propias responsabilidades como cuerpo, mientras disfrazamos con un aura de santidad, una estéril mueca de piedad. Cuestión reproducible a lo largo de generaciones, sin embargo, la forma de enfrentar y concebir la vida de fe, es y ha sido entregada, a través de una enseñanza de como el Señor quiere que enfrentemos la realidad. Pero debemos considerar, que la entrega de esta enseñanza, se produce a través de modelos y concepciones, modelos humanos, modelos sociales, y concepciones de la Palabra acomodada a ciertos ideales, filosofías, y sueños particulares.
La vida de iglesia que se manifiesta, inculca y forma los creyentes contemporáneos, con frecuencia no compromete, ni exige más que cualquier club social. Esto resulta fuertemente contradictorio, máxime considerando el tipo de vida comunitaria de la iglesia primitiva, o la esbozada por el libro de los hechos, más inclinada se hace la pendiente aún, y más amplia la brecha, si consideramos el llamado del Señor Jesucristo y sus apóstoles, en tanto comunidad y compromiso con la fe. No debemos olvidar que por este Camino, mucha sangre se ha derramado valientemente, como para hacer de él una máscara social y un analgésico temporal, sin efectos colaterales.
Este feble compromiso, y levedad comunitaria, conduce a una actitud pusilánime, respecto del cuidado de la comunidad hacia el individuo, haciéndose útil mientras sea una figura “util” y domesticable, sin cuestionamientos, ni demasiados problemas, con los que deba cargar a otros.
Igualmente, el cuidado de familia que prodiga la iglesia, si un hermano se ausenta por un largo tiempo. ¿Cuánto tiempo pasará, para que su familia se olvide totalmente de él? Podríamos apostar, a seguro ganador, que menos tiempo que el que pensamos.
El otro lado de la medalla, nos los ofrecen los honores y trabajos de un “siervo de Dios”, transformados hoy en día en cargos gerenciales, administrativos de recursos humanos, aplicando las enseñanzas del modelo financiero capitalista, dentro de las congregaciones, como si estas tuvieran algo de consonancia, con el trato, la dignidad y el amor que Dios prodiga a sus hijos. (Este es un tema más largo, que solo dejaré esbozado, a modo de titulo)
Si entramos en el mundo interior de las personas, en sus casas, en sus trabajos, en su día a día, nos encontraremos, con que la iglesia puede ser hasta una medicina transitoria, para calmar la mente y las culpas, de su actuar. Igualmente para mantener una tradición familiar, un status, un discurso admirable, una figuración pública, un compromiso social, una posición social, un aura de santidad, una apariencia de piedad.
Esto lo pongo de relieve, no en contraste con una acéfala obligación del tipo “servicio militar obligatorio”, sino contra la forma de actuar de una nación, un pueblo, una tribu, llamados a ser familia de Dios. Sin dejar de considerar, que igualmente, nuestra militancia y compromiso, nos obliga a una posición de combate permanente, a una conciencia y disposición de guerra. Un ejército de santos.
El hecho de pertenecer a la iglesia, nos une a la familia de la fe, a la familia de Cristo. Somos un pueblo escogido, una nación, una santa nación.
A la mente vienen las palabras en plural de Pedro “…Sois… nación santa, pueblo adquirido por Dios…Vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios…” Cuestión que hace plenamente sentido, al revisar los pasajes de la vida de la iglesia en los capitulos 2 y 4 del libro de lo Hechos.
Válido es entonces, confrontar la realidad de nuestro modelo de vida eclesial o congregacional y su ideología, frente a la propuesta novotestamentaria y su visión de vida comunitaria.
No debemos desmerecer, ni considerar leve, este llamado de salvación, tan caro y de tan alto honor y merecimiento, que hombre en la tierra jamás podría alcanzar, por si mismo. Sin embargo, es lo que decimos creer y saber, generalmente en la teoría, ya que en la práctica, si aguzamos la mirada, veremos sus inconsistencias.
Este modelo de enseñanza “a contra pueblo” lo podemos encontrar en el resultado de variadas conductas en nuestro tiempo, por ejemplo:
La disgregación entre los hermanos, el caudillismo incurable, las rivalidades y peleas entre “ministerios” y “denominaciones”, el orgullo por detentar un deformado título espiritual (profeta, apóstol, etc…)
En nuestra realidad, no podemos soslayar nuestro obvio comportamiento clasista, individualista, arribista, que no es más que una insana conducta y reflejo espiritual de nuestro antiguo ser, que aún vive y lucha por sobrevivir, pero simulado y suavizado los domingos, bajo el techo de un edificio de reunión.
Volviendo sobre un hecho que considero importante, me parece que la terrible importación de modelos teológicos, junto a la falta de audacia y rebeldía, para la investigación y formación teológica nacional y regional, ha generado un híbrido, un engendro discursivo y práctico, incapaz de modelar el camino del pueblo de Dios, a través de la cruz y de la enseñanza del modelo bíblico. (Punto que ampliaré más adelante).
Este tipo de comportamiento letárgico ha golpeado en distintos frentes. Y quiero enumerar en desorden ideas y concepciones, que he podido agrupar y recoger:
El sometimiento de la Palabra a sueños e ideologías
La teología o teoría de la prosperidad. Diseñada para el enriquecimiento de unos pocos, en unos pocos lugares del mundo, con un marcado acento materialista y arribismo avasallador, donde podemos distinguir en forma clara el sello del “sueño americano”, el éxito individual…riquezas, fama, gloria…etc..
Quisiera preguntarle a Job, que todo lo perdió, aún su vida pendía de un hilo, y su fe no se quebró, su gratuidad de fe. A pesar de la dureza de su discurso y su dolor, su fe no tenía precio. Podríamos enrostrarnos contra el Señor Jesús, quien teniéndolo todo, no lo estimó, como cosa a que aferrarse, y nos amó.
El uso filosófico o teológico de Dios como “el controlador”, motivando el aletargamiento del mensaje, rebajando la urgencia de la salvación, encerrándonos en un cubo, donde podemos vivir tranquilos y confiados. Olvidando que estamos en medio del campo de batalla. Debiéramos revisar el dogmatismo evangélico... Cuantos conceptos más nos hacen dormir, a orillas del camino.
La utilización de la Palabra, para fines religiosos políticamente correctos, aletargados y que reciben un grata retribución moralística. Como en tantos y tantos, sermones y prédicas “casi católicas”, para que la “grey” no huya, junto con sus posesiones, o no se incomode al mensaje de confrontación bíblico, o simplemente un maqueteado y hermoseado mensaje, con una impostada bravura, solo para el lucimiento momentáneo, y la palmas afiebradas, pero solo por un rato, hasta que llega “el lunes”…
También utilizada para fines de política interna, para la manipulación de imagen y votos de masas. Ganando adeptos, impulsando una moral acéfala, la caridad postiza instrumentalizada, justificando y ocultando abusos, guerras, muertes, opresiones. Cómplices somos en silencio, ceguera y timidez, ante tales abusos. Para ser más específico en este punto, podemos citar a nuestro presidente, que habla de Dios, y manifiesta su nombre ante las cámaras, pero su historial dice, que sus palabras no coinciden con sus actos, mientras nosotros celebramos tales actitudes. O al actual presidente de los EEUU – pronto a visitarnos -, quien toma políticas anticristianas, y luego se presenta como cristiano, para calmar a los votantes conservadores. Mientras en Chile vemos, como una señal de respaldo divino (que desde una óptica confrontacional, lo es), la invitación de esta persona, a nuestro pastor Alfredo, y al Pastor-Minero, a un desayuno institucional, siendo parte del lugar desde donde se diseñan guerras, intervenciones de estados, y muertes varias –eso lo sabemos, por experiencia propia-.
El enemigo ha perpetrado un gran robo, bajo nuestras narices, que podríamos llamarle “El robo de las articulaciones del cuerpo de Cristo”.
El diabólico plan para despojar de la unidad y la protección de los hermanos de la comunidad, provocando el insubsanable país de descarriados, de cristianos secos, orgullosos, sin amor, peleados cada uno en su reducto, en fin, creo que se hace más fácil la inferencia desde este punto.
Tampoco debemos olvidar los tiempos en que vivimos, maranatha.
Inexorablemente el tiempo se perfeccionará, y la palabra se cumplirá. Debemos estar preparados, y leer los tiempos, ver que el mundo seguirá girando hacia el mismo lado, y cada vez más acentuadamente, mientras la iglesia al no conformarse a este mundo, radicalizará su postura, mostrando el camino de la cruz.
Hay que revisar y atreverse a mirar, a través de la revelación, ya que el señor no tarda su promesa, ni la tenemos por tardanza.
Retomando el pensamiento acerca de la importación de modelos teológicos. Llama la atención la falta de atrevimiento, o el exceso de timidez, a la hora de enfrentar nuestra realidad desde una perspectiva bíblica crítica, constructiva, propositiva, o al hecho de pensar la teología desde una óptica Chilena e Hispano-americana, realidad que probablemente presente un mejor símil respecto de la época novotestamentaria, dada su profunda desigualdad e injusticia, social-económica-educacional, que la presentada por el mundo anglo-sajón. El conformismo o acomodación, de lo que creemos y como lo creemos, a anquilosado, casi sacramente, una visión de la teología alcanzada, para dar respuestas a otras realidades y también en otros tiempos, propiciando que traslademos rígidamente el dogma teológico, hacia nosotros, sin considerar el tiempo y circunstancias en que fueron propuestos, y esto no tiene la calidad de inmutable, sino que la invariabilidad corresponde al Señor Jesús, en su amor eterno, en su incansable esfuerzo, por hacer de nosotros sus hijos, hermanos y amigos.
Nuestra iglesia requiere ver su cuerpo, como pueblo, como tribu, como familia, a sus miembros como santos en la esperanza de la fe, y que el camino lo hacemos juntos.
Sin embargo, los límites al interior se hacen difíciles de identificar, en tanto pueblo apartado, y en concordancia con las expectativas, que pueden llegar a formularse de su comportamiento como pueblo y como individuos, responsable y voluntariamente allegados a esta comunidad.
La invitación a seguir a Jesús, implica una identificación plena con él, un empaparse de su vivir, y compartir su compasión y su pasión, incluida su visión social. Esto implica reconocer su modelo, identificado desde el primer minuto de su vida, con la condición más humilde y desprovista, es decir, con la condición de la humanidad, y esto no restringido únicamente a la lectura del ámbito material, que integra y comparte en distinto grado, la gran parte de los hombres, sino primeramente considerando y dilatándose desde la propia y precaria posición y condición humana, hacia todos los ámbitos de la vida.
Increíble y maravillosamente identificado con el dolor ajeno, con el despreciado, con los postergados, con los indeseables, empático y solidario con el perdido, con el desahuciado, con el encadenado, condenado. Podría haber sido lo que hubiese querido, y adoptado la posición y condición que hubiere deseado, pero quiso amarlos a todos, desde el principio hasta el fin, desde una postura profundamente humana y solidaria. Quizá como forma de identificación, no solo con la mayoría, sino que desde esa posición que lo abarcaba todo, sin exclusión. Desde el pobre al rico, desde el débil al fuerte, sería su mirada, modelando en la debilidad humana, su condición respecto a su posición frente a Dios y de Dios, su revelación de la imagen más completa y perfecta del corazón de Dios, a la vez revelando, viviendo y reflejando a la misma humanidad su propia condición de muerte, de desahuciado, de moribundo, de desprotegido.
Podemos decir, que al igual que su vida y ministerio, entrega su vida en expiación en obediencia a su Padre, en concordancia con su propósito, pero igualmente, sin olvidarnos que a la vez, da la vida por sus amigos, que la obligación, no eclipsa su amor. Que vuelca todo lo que es, en un hombre, y en un mismo plano vemos el amor y la justicia, en su máxima expresión. Cuestión que nosotros debemos honrar, y aún con millones de errores, intentar evocar, denunciar, y proclamar, ante nuestra comunidad.